Ciudad de Guaminí, datos históricos, su literatura y más

Guaminí es la Ciudad cabecera del partido homónimo, en el centro extremo oeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina y según se explica la enciclopedia Wikipedia el  nombre del pueblo se debe al significado original de la Laguna del Monte el cuál era Isla Adentro, traducción del mapuche Huapi o Wapi Minu
(Imagen Lago del Monte)Mediante el Blog Aportes y Visiones de la Historia tratamos de ampliar nuestra información en este caso incorporando la página Guaminence que iremos enriqueciendo con material de interés, no solo para los Ciudadanos de esta Comunidad, sino para los navegantes de Internet.
Continuando con datos históricos les decimos que El 30 de marzo de 1876 quedó fundado el pueblo de Santa María de Guaminí, y el 28 de marzo de 1883 se dispuso la Ley Fundacional formal de Guaminí; para ampliar su información sobre Guamini tilde AQUÍ
(imagen Plaza e Iglesia)
Certamen Literario organizado por la Dirección de Medio Ambiente de la Municipalidad de Guamini con un   habitante de esta Comunidad ganando el Primer Premio
Un Comienzo del año 2.012 con distinción para Eduardo Hiriart; escritor y encargado del Museo Hstorico de la Ciudad de Guamini

Categoría Mayores 

1er Premio: Eduardo Hiriart, “El Rey Samud”
A continuación le compartimos esta valiosa realización literaria
El rey Samud
Samud tenía 96 años pero aún impresionaba por su estatura y su fortaleza.

Había nacido Rey de unas pequeñas tierras que se extendían en las orillas del mar, y luego de largas luchas había consolidado un reino tan extenso que sus límites eran difíciles de recordar con facilidad.

Pueblos de muchas razas habían aprendido a vivir bajo su mano dura, pero aún así de decisiones nobles y sabias.

En su largo camino había luchado con muchos hombres y con muchas fieras, y había matado a unos y a otros. Sembrar la muerte no había sido, sin embargo, un placer para él. Cada vida que cortaron sus manos tuvo para él como razón la sobre vivencia de su gente, y entre los suyos el coraje no se demostraba derramando sangre sin razón.

Había matado sin piedad cada vez que se había visto obligado a hacerlo pero también había evitado prodigar la muerte cada vez que le fue posible.

El rey era conocido por sus súbditos como Samud el ciego, porque tal era su condición desde hacía cuarenta años atrás.

Se comentaba en las largas noches de invierno, cuando la gente se sentaba alrededor del fuego para recordar antiguas glorias, que un gran misterio se había llevado los ojos del respetado y temido monarca. Los ancianos, decían en voz baja, que en el momento culminante de su gloria militar, luego de una gran batalla que había terminado con el último de sus enemigos, hallábase el rey caminando por la orilla de un río desconocido que desde ese momento era suyo.

Las sombras de la noche comenzaban a despegarse de las cosas, y unas pocas aves cruzaban aquí y allá, quejumbrosas, un cielo que anunciaba con una leve luminosidad la proximidad del nuevo día.

Con paso firme pero mirando de reojo alrededor con la seguridad que le daban sus armas en las manos acostumbradas, recorría sus nuevos dominios hasta que de pronto, sentada a orillas del río, halló a una vieja mujer que canturreaba suavemente.

La mujer se paró en silencio y mirándolo fijamente le dijo: -Soy Snuar y los dioses me han enviado a tu encuentro. Ellos han seguido tu vida en la tierra e impresionados por tu fuerte espíritu y por el poder que has logrado con el coraje de tu corazón y la justicia de tus actos, me han encomendado que haga cumplir el más profundo y esperado de tus deseos. Ningún humano ha tenido ese privilegio y tú eres el elegido. Ahora bien: Qué deseas?

Samud se apoyó en su espada aún sucia de sangre, y mirándola con respeto se puso a pensar. Y pensó, y pensó, y pensó, pero no supo que pedirle. La batalla que acababa de concluir le había dado más tierras que las que podía contar. Los impuestos que cobraría a sus siervos, aún por modestos que los fijara, le darían más riquezas que otro rey en el mundo. Podía tener a las mujeres más hermosas, los más fuertes caballos, y era un hombre sabio que comía y dormía bien.

La mujer lo miró dudar sorprendida y dudando a su vez le preguntó: -Nada deseas?

Y el rey estaba por decir que no cuando recordó un día, en su ya entonces lejana juventud, en el que luego de practicar el uso de la espada por horas con su padre, se tendió a descansar debajo de unos árboles y se durmió escuchando los trinos de los pájaros.

Algo turbado por ese recuerdo y mirando con desconfianza a los lados hasta asegurarse que nadie estuviera oyéndolos, le hizo señas a la mujer para que se acercara y le habló al oído.

-No puedo hacer eso -dijo la mujer retrocediendo sorprendida- ningún humano, ni aún tú a quien los dioses han señalado, puede lograrlo.

-Y si ofreciera a cambio mis glorias militares, y mis riquezas, y mi poder- preguntó el rey?

-Ni aún así. Todas tus pertenencias no tienen valor más que como testimonio de tu capacidad y tu perseverancia. No son en realidad valiosas en si mismas, ni siquiera para ti.

-Es cierto -contestó el rey luego de pensarlo un momento- pero y si ofreciera algo que fuera de gran valor para mi, tanto o más que mi vida misma? Así podrías concedérmelo?

La mujer lo miró y luego de leer el brillo de una estrella que aún resistía la luz del sol naciente, le contestó: -Tal vez sí. Qué ofrecerías?

El rey, convencido, contestó: -Ofreceré mis ojos!!

La mujer, más sorprendida aún, lo miró y luego de consultar nuevamente el cielo, le contestó:

-Sea. Que aquello que tanto anhelas y por lo cual eres capaz de ofrecer algo tan valioso, se cumpla para ti, es el deseo de los dioses.

El rey volvió con los suyos al terminar la primavera, luego de varios meses en que había sido buscado en todos los rincones de su reino.

Volvió ciego y sonriente, con su armadura y su espada ensangrentada, tal como había sido visto la última vez. Nadie supo jamás dónde había estado esos meses. Nadie supo jamás por qué sonreía.

Nadie supo jamás que el poderoso rey Samud, el que todo lo tenía, había dado a los dioses sus ojos a cambio de -por una primavera- ser rama y sostener un nido.
137 Aniversario de Guaminí
La nota de Prensa e imágenes del Aniversario podes leerla  Aquí http://centenariodelospueblos.blogspot.com.ar/2013/04/se-festejo-el-137-aniversario-de-la.html
Entrevistamos al encargado del Museo histórico de Guaminí Eduardo Hiriart , su relato sobre la investigación del pasado Guaminense, en este audio


El 5 de septiembre se realizo un encuentro cultural en Guaminí
El Intendente Néstor Álvarez encabezó el acto de inauguración de la Planta de Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos de Guaminí que formó parte del cronograma de festejos por el 140º Aniversario de la ciudad cabecera.
Lea nota completa de este Evento Aquí: Publicación La Voz del Sur




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